Quiero abandonar
me enseñaron a aguantar. me enseñaron a no dejar de correr, a ir hasta el final, a sentir el cansancio pero no parar. me enseñaron a esforzarme, a no agachar la cabeza, a que si quiero llegar, puedo llegar. pero ¿quiero llegar? ¿a dónde estoy yendo? ¿hacia dónde corro? a veces no lo sé. la mayor parte de las veces tiro hacia delante y cuando me quiero dar cuenta la línea de meta queda lejos, detrás de mí. me paso de parada, nunca paro de correr y me paso de parada.
no sé si me enseñaron a aguantar o lo aprendí yo sola. no sé de dónde me saco todas estas ideas que habitan mi mente y que cuando contrasto con ellos me dicen que me he inventado. no sé cómo puede ser que haya una brecha tan amplia entre lo que ellos dicen y lo que yo escucho. le digo: tu cabeza es esta estructura rígida y yo solo trato de amoldar mis frases, de amoldarme, para encajar en tu estructura rígida. me dice: no has de amoldarte a nada, eso nunca funciona. no sé por qué nos hace falta tener tantos impactos antes de entendernos, por qué tengo que querer gritar, y a veces gritar sin querer, por qué tengo que salir corriendo y comerme la frustración de cena, para luego darnos cuenta de que estamos diciendo lo mismo.
me enseñó a aguantarlo todo, al menos eso es lo que yo me digo: que lo aprendí de él. que puedo con todo, y que eso es bueno y malo. bueno porque sé cuál es la base de la que parten todas mis acciones, malo porque no tengo que poder con todo, y aún así yo me lo echo encima porque puedo. porque claro que puedo, pues claro que puedo, por mi vida que puedo. y siempre es por mi vida que suelo poder. no tengo límites, nunca los he tenido. aguantar es no tener límites, por definición. todo es, entonces, en exceso. los límites tengo que crearlos yo ahora, y eso me cuesta, no me sale natural. cuánto es suficiente, cuánto es demasiado. yo no lo sé.
me dice: no confías en mí. y yo pienso que tiene razón. dice: es eso. y yo pienso, sí, es eso. aún pienso que tengo que ser perfecta para poder entrar. aquí estoy, metiendo piedras en mi mochila, a ver si ves que soy fuerte, a ver si ves que puedo con todo. y él lo ve pero no le sirve de nada porque no es lo que quiere de mí. le digo: necesito que me digas que estoy bien. me dice: no deberías necesitarlo. ya, pero lo necesito. y en eso se resume toda mi vida: no debería necesitarlo, pero lo necesito, y aquí estoy y he estado, metiendo piedras en mi mochila.
estoy cansada del peso al que me someto a mí misma, de correr sin rumbo con la mochila llena de piedras. la quiero soltar, la quiero soltar y nunca mirar atrás. no quiero más días de oscuridad metida en la cama mientras el sol brilla fuera, no quiero ponerme las zapatillas de correr cuando no me apetece correr, no quiero cargar palabras ni miradas que no son mías, no quiero dinero para llenar sacos y no quiero un orgullo de cristal, frágil y vacío. no quiero esta culpa de no ser lo que creo que quieren que sea. no quiero nada que me consuma, quiero abandonar todo lo que no es mío.
aprendí a aguantar pero yo quiero abandonar. quiero abandonar. no sé cuándo voy a entender que es suficiente, que lo fue desde el principio.
🌙



